Ya encontré el tesoro que estaba buscando
Nos viene de lejos a las mujeres. Esto de confiar ciegamente en el amor. No es que vaya yo de escarmentada, todo lo contrario. Es ahora, desde la distancia y con una relación estable, en que me puedo permitir ondear esta afirmación. Me caí tantas veces por el camino, ayy! tantas veces fueron las que caí. Era tal el empeño en encontrar al hombre perfecto que me vi cegada a caer en brazos masculinos poco aconsejables. Pero lo hice, una y otra vez. Con un impetu que yo misma me sorprendo de estar viva y sobre todo cuerda tras ese estilo de vida. Y sin embargo nunca, nunca perdí la fe. Porque sabía que algún dia mi esfuerzo y mi fe ciega en el amor me llevarían a este lugar.Aquí y ahora, con él. Conocí a mi ángel, a mi alma gemela o mi media naranja, como queraís llamarlo. Cruzó el mar y me rescató de la apatía y del desánimo. Me enseñó las miles de formas de amar. Todos los días me regalas millones de sonrisas y besos distintos. Aunque suene cursi, a mi me importa un bledo que suene cursi. Es así.Me abrió su corazón y su vida. Y ahora me encuentro a salvo. Ya nada me asusta. Me hicieron falta las heridas y cicatrices para valorar lo que es realmente amar a una persona. Sentirte amada y no coaccionada o infravalorada. Ya no soy su doncella desvalida, soy lsu compañera de viaje, su amiga, su confidente, su mejor amiga. Su amor.

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